Todos los seres humanos somos distintos, hasta los gemelos tienen algo que los diferencia de entre ellos, sería imposible tener la misma forma exacta, física o de pensar, de actuar, en resumen, de ver y concebir la vida exactamente como lo haría otra persona en el mundo.

Hoy, después de una corta historia que data de algunos miles de años, mirando hacia ella, podemos observar por todos los sucesos, éxitos y fracasos, pero sobre todo las atrocidades que el ser humano ha cometido en contra de este.

La gran mayoría de estos holocaustos no los “ha cometido” la naturaleza, por más que algunas veces la tratemos de “salvaje”, la naturaleza solo es parte de este baile universal que es el resultado de la vida misma proveniente de las nebulosas, estos han sido el resultado de “la puesta en marcha” de las mentes aún en proceso de evolución del ser humano.

A medida que el Homo sapiens se fue congregando en comunidades, comenzaron a aparecer los líderes, los hombres o mujeres que destacaban de alguna u otra forma de entre los pequeños o grandes grupos en los que se transformaron posteriormente.

Aquellos líderes eran (y aún lo son) los que guiaban a los demás en el tortuoso camino a la supervivencia, recordemos que, en los inicios del ser humano, no éramos más que otro animal de la naturaleza, pero con algo que ninguno otro tenía: una inteligencia excepcional y superior a los demás.

Los líderes se caracterizaban por ser “más inteligentes” que los demás, más hábiles, fuertes y de ser capaces de hacer que todos los demás lo siguieran y aceptaran sus designios, ahí comienzan a nacer las fuertes ideas propias de cada uno de ellos con las que pretendían lograr más y mejores cosas para sus comunidades y pueblos como idea original.

Dado que estos líderes, también eran —y son seres humanos— como los demás, esas ideas muchas veces venían “contaminadas” con ciertas maquinaciones propias de nuestra naturaleza, como el sobrevivir a costa de todo y de cualquier forma, el de hacer menos y tener más, incluso llegando al grado de matar para lograrlo.

Gracias a esas ideologías (conjunto de ideas que se creen ciertas sobre las demás) es que los seres humanos han obrado peor que animales, retrasando miles de años de evolución y bienestar, desde las guerras entre clanes, pasando por las grandes guerras entre imperios, así como también las guerras originadas por creencias religiosas y otras de odio como la segunda guerra mundial.

Pero al igual que las guerras en las cuales han muerto miles y miles de personas, existen otros tipos de aniquilamientos masivos que se da dentro de las mismas fronteras y son los causantes de millones de muertos, destrucción y retraso en el desarrollo social y del hombre como ser humano, que debe de ir camino hacia la evolución que le corresponde en este universo.

El Nazismo, el Comunismo y otras expresiones y tentáculos del socialismo y la izquierda, son las responsables de millones de muertes y destrucción en todo el planeta, ideologías nacidas de cerebros involucionados, pero con un arte de convencer a muchos menos que ellos, para obrar en contra de sus semejantes, sea dentro de sus tierras o fuera de ellas.

Al igual que en la prehistoria, “líderes” que creen que es mejor destruir al oponente para ganar, en lugar de vencerlo siendo mejor que el otro, que creen que, quemando, aldeas, pueblos y ciudades, van a lograr “construir” una sociedad mejor para no carecer de lo que destruyen.

En la sociedad “moderna”, Alemania, China, Rusia, Cuba, Venezuela, Perú, Nicaragua, Colombia, entre otros en el mundo, son países que han sido víctimas de esas ideologías del terror, las cuales no les permite a las sociedades avanzar, sino al contrario, las atrasan y generan más miseria y hambre, siendo lo contrario a lo que pregonan, a pesar de ello, es como una venda que enceguece a miles de personas fanáticas que las siguen y viven de ellas, creyendo que todo está bien mientras la llevan puesta, un gran placebo político.

Por otro lado, los miles de millones de personas de entre las cuales habrá millones de ellas que entregan su vida cuáles títeres de su propia mente a un fanatismo religioso que los hace ser esclavos de ideales extremos que se convierten en ideologías religiosas.

Hoy podríamos ver como, pelear y matar en nombre de un Dios o de una religión es tan arcaico y contrario a lo que se pregona en ellas que no lo creeríamos como cierto, pero, es cierto, unas religiones más agresivas que otras, más fanáticas que otras, imponiendo sus propios dioses y pero, por puro costumbrismo, porque fuera de sus templos, muchos parecieran no haber escuchado hablar nunca de un Dios o haber leído alguna escritura de él, sin generalizar por supuesto, porque existe personas maravillosas cuyas creencias los hace mejores seres humanos.

¿Pero deberíamos aceptar creer que no somos nada sin la creencia en un Dios?, ¿que todo se lo tienes que pedir, hasta una solución a algún problema o que en lugar de solucionar “el error” solo pidamos perdón a cuatro paredes o a un sacerdote?, es que así es “más fácil” arrepentirse, pedir perdón a la víctima, es de lejos “muy difícil” o casi imposible.

Esto sin duda es otro placebo universal, un placebo que nos hace creer que, la forma en la que actuamos está disculpada de antemano porque es parte de un conjunto de ideas (ideologías) que vienen de un ser superior, el problema es que muchos, si se separan de esas “ideas” y dogmas, se convierten en caballos desbocados, como si hubieran estado atados en un tronco toda su vida, se creen “libres” de recorrer todo el campo sin un control, sin darse cuenta de que podrías pisar una mina por su “fogosidad” de estar “en libertad”.

Tampoco podríamos culpar al caballo de haber estado todo el tiempo atado a un tronco y encima con anteojeras, en lugar de haber sido criado enseñándole a cabalgar diligentemente, a cuidarse en el camino, a encontrar su alimento y bebida y por supuesto, a cuidarse de otros animales salvajes.

Un ser humano libre de placebos desde su nacimiento será una persona más responsable, proactiva, aceptará sus errores y pedirá perdón a quien haya lastimado por su obrar o inacción, será más fuerte porque aprenderá a luchar por lo que quiere y apreciará su vida, se acostumbrará a hacer las cosas lo mejor posible para asegurar el éxito en lugar de pedir que “algo le caiga del cielo”.

En resumen, no seremos “un hijito de papá”.

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