El año pasado, después de casi 30 días de cuarentena, salí de mi casa a una farmacia obligado por las circunstancias, el caminar solo unas cuadras fue una mezcla de sensaciones de las cuales, la que predominaba era la respuesta a una pregunta, ¿en qué momento la cargamos?.
Mientras caminaba, recordaba la película “After Earth” de Will Smith, en la que el planeta Tierra “se había” convertido en inhabitable y un paso en falso nos podía costar la vida.
Nunca me sentí tan cerca a esos “futuros” que nos pintan las películas de Hollywood, nadie en la calle, el peligro del covid-19 en todo lugar (aunque no este allí), de pronto también sentí la necesidad de hacer un poco más por nuestra hermosa madre tierra, por nosotros mismos.
Es increíble que tengamos que salir con mascarilla, que no podamos respirar nuestro aire con total seguridad, es una de las peores sensaciones, pero siento una gran calma al saber que es momentáneo, que no es problema de nuestro aire, sino que en él existe un virus que nos puede quitar la vida.
Que todo muy pronto pasará y volveremos a salir sin ningún temor, pero ¿qué pasaría si ya no pudiéramos dejar de usar una mascarilla y tuviéramos que llevarla por siempre debido a que nuestro aire estuviera contaminado?, ¿se lo imaginan?.
Existe un dicho que dice “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”; no perdamos nuestro hogar, nuestro aire, no lleguemos a ese extremo para darnos cuenta de lo que hemos perdido.
Somos seres humanos y tenemos todo, pero todo no nos pertenece.